La paz interior
Los miedos, el sentimiento de culpa, la falta de reflexión y análisis, la no aceptación de la realidad, en general, y de nuestra realidad, en particular, la falta de conocimiento y de comprensión de quiénes somos y de todo aquello que nos rodea, son algunos de los principales motivos que causan nuestro malestar y nuestra insatisfacción.
Conseguir la paz interior y la tranquilidad no es una meta imposible y depende en gran medida del modo en que afrontamos el libre fluir de la vida.Nuestra actitud hacia nuestros temores y hacia la falta de confianza en nuestras potencialidades son aspectos cruciales para progresar o no hacia un estado de sosiego y serenidad física y mental.
A menudo, avanzar en ese camino de tranquilidad y paz interior no es fácil.Exige esfuerzo, perseverancia, compromiso con uno mismo y valentía.
“La victoria pertenece al más perseverante” Napoleón Bonaparte
Daniel Ramos Autó
Recordar es volver a vivir…
Por qué cuando las relaciones terminan nos negamos a dejar las cosas en el pasado, ya sea porque nos sentimos heridos o lastimados,sobre todo cuando se ha frustrado una relación que parecía prometernos la felicidad y un día acabó sin más. Podríamos decir que nos negamos porque somos rencorosos o demasiado orgullosos para perdonar.
En muchos casos, no somos sinceros al no afrontar, que no queremos olvidar a quien hemos amado.
Realmente nunca dejamos de querer totalmente a quien un día amamos apasionadamente… Y con más empeño cuando hemos tenido que renunciar por esto o por aquello, porque también es cierto, a veces aunque mucho deseemos, hay relaciones que no tienen futuro, pese al amor.
Me ha ocurrido, y me veo en el tiempo rescatando del olvido a alguien que parece estar siempre allí, que emerge en mis días de nostalgia, en mis días de entusiasmo, porque cuando me siento triste quisiera volver sobre los días en que me sentí especialmente feliz… Y cuando me siento desbordante de felicidad, quisiera también retomar los días en que podía sonreír con ese alguien que ya no está.
Me siento conectada con mil historias que voy conociendo por la vida, más de un amor ha agobiado a alguien, dejándole un recuerdo que por momentos, humanos somos, quisiéramos dejar atrás…¿De qué sirve recordar? Quizá no sirva de nada, pero… Recordar es volver a vivir, me ha dicho alguien días atrás, y es cierto… ¿No te has visto recordando algo con tal sentimiento? Empeñados en retomar aquel momento especial, aquella sonrisa, o aquel recuerdo feliz o quizá desdichado…
La vida con su acelerada rutina me aleja constantemente de esas reflexiones, pero no temo a decir que no es que olvide o haya olvidado… Es un en este caso, pensar sin pensar en quien has querido…¿Por qué? Para qué reflexionarlo mucho, a veces pienso que me empeño en ello, nos empeñamos en ello, porque secretamente anhelamos, esos días muy especialmente felices, con alguien que siempre nos parecerá aún en la distancia del tiempo, muy importante, y que la vida parece habernos arrebatado…
El gusto de sentirnos enamorados, retomar las cosas que eran nuestra vida y que por importantes recordamos… Porque es cierto, nada se graba más a fuego en nuestro corazón que aquel amor que no pudimos retener…
http://lamenteesmaravillosa.com/ Publicado por: Noemí
Difícil
Hoy he estado con ella, con la chica de la mirada triste.
Qué difícil es a veces tomar decisiones cruciales y que implican a terceros. Que difícil intentar defender la felicidad propia cuando está en juego la de otros, la de los hijos, al menos temporalmente, aún a sabiendas de que de que es posible, con un poco de tiempo, construir una felicidad nueva para todos.
La chica de la mirada triste me cuenta que su vida no le hace feliz, que sigue por inercia, que se deja llevar por la felicidad y la estabilidad de sus hijos, por no arriesgarse a que lo hay allá afuera sea peor, por no derrumbar la vida que ha construido por y para ellos, por miedo.
Porque tampoco es una vida terrible la que tiene, tan sólo es una vida sin pasión, sin ilusión, sin más proyecto que enseñar a volar a sus hijos.
Y no he sabido que decir. Entiendo lo que piensa, lo que dice, lo que duda, lo que sufre, pero no he podido ayudarla. Es tanto lo que tiene en juego que ni sé, ni me atrevo a “mojarme”.
¡Qué difícil es a veces ponerse en la piel de otro!
¡Que claro se ve todo desde fuera y que difícil desde dentro!
Una mirada triste
Hasta ayer no la conocía y cuando se sentó a mi lado me impresionó su mirada. Era una mirada triste, muy triste, pero cuando al cabo de unos minutos, mientras charlábamos apretó mi abrazo como respuesta a una sencilla frase de aliento que dije, me di cuenta de que su tristeza venía del fondo de su alma. Estaba triste, pero era algo más, creo que se siente sola, incomprendida, indecisa, en uno de esos momentos de tu vida en los que te parece que casi todos han sido errores y que las pocas cosas que has hecho bien tienen que ver con los hijos, uno de esos momentos en que no se sabe si se debe seguir por la misma senda o dar un golpe de timón y cambiar el rumbo.
Me admira la facilidad con la que algunas personas son capaces de abrir su alma y su corazón y compartir eso que algunos llamamos “miserias”, no sé si son más valientes o más cobardes por ello, pero seguro que en con esa capacidad tienen una posibilidad más de encontrar una mano amiga que coja la suya y le dé un apretón que le demuestre que no todo es malo, aunque a veces lo parezca, sino que donde y cuando menos lo esperas una mano amiga tira de tu alma y de tu corazón y te enseña un tercer camino en el que quizás no habías reparado.
La crisis y nuestra capacidad de adaptación. ¿Una lección?
Quien más, quien menos, ha sufrido y está sufriendo las consecuencias de la crisis económica, pero esto es mucho más que eso, es también una crisis moral, una revolución moral.
¿En cuantos cafés, comidas o cenas hemos hablado u oído hablar de como adaptarse a los recortes que a nivel personal y familiar todos hemos tenido que hacer?. Pienso que muy pocos no han tenido que apretarse el cinturón e iba a decir afortunados, pero no sé si lo son tanto.
Aprender a redistribuir los gastos, recortar en cosas superfluas, dejar de comprar el enésimo pantalón u organizar cenas en casa de unos u otros en lugar de salir, se han convertido en parte de una nueva rutina, y no ha pasado nada… Aprender a comparar precios y ofertas, a quedarse más en casa, en familia, y disfrutar de una película en lugar de ir al cine, a ir el fin de semana de puente a la casa del playa en lugar de a Viena nos ha llevado, un poco por obligación, a la realidad.
La “alegría” con la que se compraba, viajaba, salía, malgastaba, no era real, era una burbuja artificial que nos fue arrastrando en mayor o menor medida a todos y nos llevó a creer que la bonanza nunca iba a acabar.
En realidad los que ahora tenemos hijos adolescentes o pre adolescentes tenemos la sensación de que nuestros hijos solo han vivido en esa falsa opulencia, en un momento en el que se miraba mucho menos el gasto y se habían acostumbrado a un ritmo de vida que nunca volverán, ni volveremos, a tener, o al menos pasará mucho tiempo…
Pero el sufrimiento, que en algunos casos, es mucho, muchísimo, no habrá sido en vano, al menos habrá servido para que muchos niños, jóvenes y adultos tomen conciencia de que lo inmensamente fácil no es real, de que sin esfuerzo lograr un objetivo es una quimera… o eso quiero pensar.
Me gustaría que todo el camino que hemos recorrido forzados por al crisis, no lo desandáramos y que la conciencia moral que hemos desarrollado al darnos cuenta de nuestros errores, no quedaran en el olvido.
Es tan fácil olvidar los malos momentos cuando vuelve la bonanza…
El sufrimiento de los padres
Hace ya años, mis tres hijos mayores, por aquel entonces de 13, 11 y 9 años, salieron juntos, de noche, invitados al preestreno de una película, creo que era Mortadelo y Filemón, por mi cuñada y su novio.
Como casi todos en aquélla época, no es que los míos fueran raros, ninguno tenía llaves de casa, por lo que, su sacrificado y sufridor padre, se quedó a esperarlos y yo, como he hecho siempre, me fui a dormir la mar de tranquila.
Al cabo de un rato, aquello que nos pasa a las que estamos acostumbradas a dormir acompañadas, presentí que mi marido todavía no había subido, miré la hora, eran las dos, y baje a ver . Lo encontré medio dormido y al oírme y mirar el reloj, empezó a angustiarse, ya que todavía no habían vuelto los niños. Yo también empecé a ponerme nerviosa, realmente, hacía mucho que había acabado la película y no entendía donde podían haber ido…. Por aquel entonces a los trece años del mayor y entre semana, no se salía. Empezamos a llamarles al móvil, no se ni siquiera si todos tenían, y, todos apagados… después de llamar infinidad de veces, entendimos que por ahí no conseguiríamos nada.
El tiempo iba pasando y los nervios creciendo. No sabéis hasta que punto puede llegar la imaginación!. Recuerdo que, pusimos incluso la radio para ver si había pasado algo, si se había acabado el mundo y nosotros sin enterarnos. No entiendo porqué no miré internet ¿Había en aquélla época?
Buscando, buscando, encontré también el móvil de uno de mis sobrinos que había ido con ellos, pero tampoco contestaba, ¡Que angustia!!!!!!!!!!!!!! Mi marido no quería llamar a su hermana a casa, ya que el móvil también lo tenía apagado, pues no quería preocupar a sus padres, y al final, decidió llamar a su hermano, el padre del otro que había ido, éste después del susto de la llamada a las tres de la mañana, despertó a su hijo para preguntar y le dijo que él había llegado a las 12,30 con el coche y después acompañaban a los míos.
Entonces ya apareció el “fantasma” del accidente de coche, y empezaron los agobios, sobre todo los míos, !!!!!, recuerdo que me puse a llorar, no os podéis imaginar el mal rato… Enseguida sonó el teléfono, que horror!!!, me temblaba todo, me moría sólo con pensar en cogerlo, ni siquiera me atrevía, se lo tuve que pasar a mi marido, él, más entero, pudo asumirlo, Dios mío! dije yo pensando ya en la policía avisándonos de algo tremendo… y, de repente, una voz desde arriba, donde están las habitaciones, mi hijo, pidiéndonos que nos calláramos que no podía dormir y al día siguiente tenía colegio.
Los dos, nos miramos incrédulos y corrimos a las habitaciones, los despertamos a los tres, ¿Qué había pasado? ¿Que hacían en casa? ¿Cómo habían entrado? ¿Porqué no nos habían dicho nada? ¿Eramos realmente tan idiotas como habíamos demostrado?
La respuesta os la podéis imaginar, mi marido se quedó dormido en el sofá, los niños habían cogido mis llaves antes de irse sin decírnoslo, por lo que no nos lo podíamos ni imaginar! llegaron a las 12 y media pasadas y sin hacer ruido para no despertar, subieron y se metieron en las camas, ah! y como antes hacíamos, apagaron el móvil, y se pusieron a dormir.
Por si tenéis curiosidad, la llamada de teléfono que los despertó, era del hermano de mi marido preocupado también porque no hubieran llegado.
Diréis, porque os cuento esto, pues porque no vale la pena sufrir tanto por los hijos, hasta que no hay más remedio, la mayoría de cosas por las que nos angustiamos no llegan pasar… porque a veces, muchas, la imaginación vuela y la angustia nos impide pensar y actuar como seguro que somos, unas mujeres inteligente, y, gracias a Dios, la mayoría de veces, no les pasa nada.
Y.R.
Contagia tu alegría!
Todo@s tenemos motivos para estar tristes, pero tenemos muchos más para estar alegres!!
Quiero contaros lo que me ha sucedido esta mañana….
Conducía de vuelta a casa, absorta en mis pensamientos, que no eran otros que la enfermedad de mi madre, por todo lo que estamos pasando, yo misma notaba el rictus de mi cara, la tensión en la conducción, el malhumor creo que iba en aumento, lo notaba, lo percibía…. Os ha pasado alguna vez?? De repente, he parado en un semáforo, he mirado hacia el coche de al lado, me he encontrado con la mirada de una chica que sin conocer, simplemente me ha sonreído yo cómo respuesta, también he sonreído… parece que me estuviera diciendo, eso que yo digo Siempre, “Sonríele a la vida”!
El semáforo cambió a verde,y de repente puse la radio! Eureka!
Estaba sonando “Don’t stop the party” de Pitbull, tengo hijos adolescentes, y el repertorio muy variado!! Como me gusta el ritmo, sin darme cuenta me he ido animando sola, y se ve que incluso bailaba en el coche, no me he dado cuenta hasta que en el paso de peatones siguiente, una pareja de ancianos,cruzando, cogidos de la mano, se me han quedado mirando! Me han sonreído! Y al ritmo de la música acababan de pasar, medio bailando!! He reído a carcajadas!! Que gracia!! Increíble el poder de la alegría!! Tenía una gran sonrisa en mi cara!! He llegado a casa contenta, he puesto música a tope e incluso me he marcado un par de bailes!! La tristeza la aparqué en el primer semáforo!!
Chicas os lo recomiendo!! en momentos de tristeza, poned la música a tope, soltaros la melena en el salón de casa, pegad saltos y bailes, cantad las canciones aunque le destrocéis el tímpano a la vecina!!
A mí me funciona, espero que a vosotras también!!
P.B.B.






